El Acompañamiento musical de la procesión de la madrugada del Viernes Santo puede decirse es tan antiguo como la propia congregación, pues ya en 1653 se concreto con la capilla de música de la catedral su asistencia, recibiendo a cambio como hermanos, sin cargo alguno, a sus músicos, cantores y ministriles.
Sin embargo años después fue necesario retribuir su trabajo, si bien lo gravoso del gasto llevaria a encomendar los cantos a los capellanes. La presencia de pequeñas orquestas- violines, flautas, bajos- de aficionados, a las que se sucedieron bandas de música militares y civiles, se documenta desde mediados del siglo XIX: primero acompañando a la Virgen de la Soledad, mas tarde a los pasos de Jesús Nazareno y la Caída, y hoy a todos los portados a hombros.
La música es un componente medular de la Semana Santa de Zamora e imprescindible para aliviar el trabajo de los cargadores, a la vez que un bello recurso que realza la solemnidad de las procesiones.
La madrugada del Viernes Santo, de tanta significación en la tradición local, tiene su propia música.
Se trata de composiciones radicalmente unidas a la salida de la misma de la procesión, caso de la marcha fúnebre de Thalberg, y de algunas que fueron creadas ex profeso para la popular subida al humilladero de las Tres Cruces.
José -Andrés Casquero Fernández
Asesor Histórico